Parador Nacional de Limpias

Te espera un palacio del siglo XX convertido en Parador, en un lugar recogido, que invita al descanso y al paseo por cuidados jardines.
Al margen de confortables habitaciones y una reconocida cocina, el Parador de Limpias ofrece una piscina de temporada y otra climatizada (abierta todo el año) pista de tenis y de paddle, una completísima sala infantil de juegos y tv y amplios y luminosos salones, ideales para celebraciones familiares y de empresa.

El lugar invita al relax, a perderse por otros pueblos vecinos de la bella Cantabria y a disfrutar de sus fabulosas cuevas, playas, paisajes y conjuntos históricos.

El Parador de Limpias, se encuentra ubicado en un antiguo edificio, el Palacio del Conde de Albox, sede veraniega del Consejo de Alfonso XIII. El edificio se construyó en una espléndida finca, con arbolado. Algunos de los árboles, son ejemplares declarados Patrimonio de la Humanidad.
En su origen, la construcción del edificio fue dirigida por don Emilio de la Torriente, Respecto al arquitecto queda en duda, de si fue el arquitecto Don Emilio de la Torriente o, el arquitecto madrileño A. Ferreras. Se construyó en estilo rústico, con muros de mampostería en contraste con los esquinales, destacando los balcones con grandes ménsulas.

Después de una profunda reforma, en el año 2004 se convirtió en Parador Nacional.

Parroquia de San Pedro (Santo Cristo de la Agonía)


Santo Cristo de la Agonía



Teléfono: 942622187
Horario de misas:
Laborables: 18.30h (1 de Jul al 15 de Sept 19.00h).
Visperas: 19.00h (1 de Jul al 15 de Sept 20.00h ).
Festivos: Domingos 12.00h y resto 20.00h
Barrio de Rucoba, S/N E-39.820 Limpias. Cantabria.


La dispersión de los barrios en el municipio, el auge de la población, la muchedumbre viajera,…y la necesidad del culto divino de los feligreses, motivó la construcción de varias ermitas y una Iglesia parroquial, la Iglesia de San Pedro. Varias ermitas antiguas ya no existen y actualmente se conservan: La ermita de la Piedad, en el barrio de Espina, antigua ermita ya citada en 1708, y que al parecer debió de llevar alguna reforma hacia 1807. Digna de ser visitada. Ermita de San Roque, en el barrio Palacio, ésta se cita en 1726. Fue reedificada en 1757 a escasa distancia de la primera ubicación. Ermita del Patrocinio, construida hacia 1769, en Socamino de Arriba.

La Iglesia parroquial de San Pedro se alza en el barrio de Rucoba. Fue en la antigüedad Monasterio y hacia el año 1500 se comienza a construir y convertir en iglesia, con el transcurso de los años fueron añadiéndose capillas, hasta formar un templo de tres naves. El edificio de piedra, como se ha dicho, consta de tres naves con bóveda de crucería gótica tardía. La entrada principal es una portada de estilo herreriano con un retablo de piedra de dos cuerpos y de diseño novedoso en la época. El altar y retablo mayor fue construido en el siglo XVIII sustituyendo al antiguo retablo. El templo alberga numerosas obras artísticas, la escultura de mayor relevancia es sin duda El Santo Cristo de la Agonía.

Haciendo un recorrido por la iglesia de San Pedro y citando de una manera breve la ornamentación: En el exterior de la iglesia y en la portada, se encuentran las figuras de San Pedro -en el centro- y del Apóstol Santiago y San Pablo a los extremos, las tres esculturas, labradas en piedra.

El pórtico, quedó reformado en 1892. La torre es de tres cuerpos, donde sólo destacan los arcos de medio punto de las troneras y la escalera interior de caracol. En el interior del templo, nos encontramos con varios altares y retablos. Las esculturas, los lienzos, policromías y trabajos de orfebrería son de indiscutible mérito:

En el Centro: El retablo mayor, levantado sobre un alto pedestal de piedra, nos muestra en el sagrario el relieve del Santo Entierro. En el centro el Calvario, formado por la figura central del venerado Santo Cristo de la Agonía y a su lado, a los pies, las tallas de María y San Juan. Arropando las figuras del Calvario, las figuras de San Pedro en Cátedra, el Espíritu Santo, San Celedonio y San Emeterio.

En el lado del Evangelio, nos encontramos: La Capilla de San Jerónimo. Alberga el sepulcro del general de Ingenieros don Antonio Cirilo del Rivero y Trevilla. Está construido en mármol blanco. En la parte superior se muestra el escudo de armas de los Rivero. En esta Capilla se conserva el expositor que se hizo en un principio para completar el retablo mayor. Capilla de Nuestra Señora del Rosario. Obra de buena calidad y estilo rococó. Presenta las figuras de Nuestra Señora del Rosario, San Ramón Nonato, San Ignacio de Loyola, y en alto, Santo Domingo. Capillas y retablos de San Isidro y San Antonio. El retablo de San Isidro se sitúa sobre el último tramo de la nave del Evangelio.

Es un retablo de estilo churrigueresco. Las esculturas que contiene, en el centro San José con el Niño, a la derecha San Antonio de Padua, a la izquierda San Isidro y en ático la figura de San Sebastián. En el lado de la Epístola, veremos:
La Capilla de Santiago, muestra la estatua yaciente del arcediano Gil de Palacio, que se encuentra sobre el sepulcro de éste y labrados en mármol de Carrara.
Lo corona el escudo de armas de los Alvarado.
La Capilla y retablo de la Cofradía de la Vera Cruz, destaca la figura del Cristo sobre la pintura de Jerusalén.
La pintura de San Sebastián en el frontón. Las figuras de San Andrés, la Virgen María, San Juan y un Apóstol, realizadas en relieve.
Pinturas de la Santa Cena, Flagelación y Lavatorio.
Bajo el coro, se encuentra situada: La Capilla y retablo de San Nicolás de Bari. En el centro del retablo, la figura de San Nicolás de Bari, a sus extremos,
La Inmaculada Concepción y un Apóstol.

En la parte superior, Dios Padre con pareja de ángeles en los aletones y debajo, las Ánimas del Purgatorio. En esta capilla, se encuentran algunos escudos de armas y diversas esculturas. El órgano, se inauguró en 1918, siendo donado por don Manuel Eguilior y Llaguno.

La sacristía, de grandes dimensiones, con tres bóvedas de crucería e iluminación de óculos y ventana de arco de medio punto. La cajonería actual es del año 1992. Para poder cerrar este capítulo relacionado con la religión y el culto divino en Limpias, se debe resaltar una vez más la escultura más importante del templo y su historia: La talla más venerada, que preside el altar mayor de la iglesia y a la que acuden fervientemente los creyentes a orar es El Santo Cristo de la Agonía.

Es una hermosa escultura, probable donación de don Diego de la Piedra Bernales y Secadura, enviada desde Cádiz. Cuenta la tradición popular que don Diego tenía la escultura en su oratorio particular en Cádiz, cuando en 1755, sucedió una gran calamidad, se inundó la ciudad. El pueblo creyente ante tal desgracia demandó protección a los santos. Éstos se sacaron en rogativa y al tocar las aguas los pies de la escultura del Cristo, las aguas retrocedieron milagrosamente. Ante tal prodigio, el Cabildo de la catedral ordenó que la talla fuera llevada a un oratorio público.

Don Diego de la Piedra conforme, prefirió que ese lugar fuera la localidad donde nació, donándola a la Iglesia de Limpias.

Dicen que en la Semana Santa de 1919, estando el templo completamente lleno de fieles, unas niñas que estaban devotamente rezando, interrumpieron la misa y salieron atemorizadas y llorosas de la Iglesia, decían y afirmaban que el Santo Cristo de la Agonía había movido los ojos y las había mirado dulcemente. Días después, el 12 de Abril, volvió a repetirse el prodigio. Observado por gran número de personas, indicaron que El Cristo les miró y con un gesto de profundo dolor que contrajo su divino rostro, les mostró una tierna y dulcísima mirada de piedad y misericordia.

Los Reverendos Padres, intentando aplacar a la multitud que se echaba atropelladamente a los pies del Cristo agonizante, no podían articular palabra al comprobar ellos mismos la veracidad del milagro. La noticia se extendió y dio lugar, y continúa así en la actualidad, a que se venere tan prodigiosa escultura. El culto al Santo Cristo de la Agonía, atrae a lo largo de los años a los creyentes y a los curiosos a Limpias. Algunos dicen que no ven nada, otros afirman que han sido bendecidos con una mirada del Santo Cristo. Esta es una breve y bonita plegaria: Tú que pasas, mírame, Detente un poco en mis llagas, Y verás cuán mal Me pagas la sangre que derramé.